sábado, 10 de julio de 2010

Sarmiento no se equivoca

El vocero del sistema supranacional, Sergio Sarmiento, no cree que se equivoca, au contraire, este pasado jueves 8 de julio ratifico su dicho al insistir que el mensaje que manda la suprema corte, con el caso de los 12 de Atenco, es errado, al epilogar la noticia del Presidente municipal de San Pedro Totolapan, Oaxaca el cual asesinó a un perredista por burlase de él, diciendo que: “ojala que no lo clasifiquen como líder social emblemático”, infiriendo con ello, la impunidad que gozaron los lideres de Atenco, así catalogados por la suprema corte y por ende, según Sarmiento, conditio sine qua non, para su injusta excarcelación y la exoneración a su lícita condena de 112 años de prisión…se ve que a Sarmiento; la máxima esa de la justicia es justicia según el castigo impuesto al crimen cometido, es una condición excusable para que estos “cualquiera” no se atrevan a raptar y amenazar a nuestros emblemáticos funcionarios venables.

Entiendo que así funciona, lo que no llegó a asimilar es cómo es posible que estos voceros del sistema neoliberal; que hay que advertir de su diversidad, ya que los hay desde los evidente y abiertamente deshonestos; como Pedro Ferriz de Con, hasta los congruentes con su propia ideología, como David Páramo o el propio Sergio Sarmiento, pero discordes con la lógica, ya no diría más elemental, sino, paradójicamente, su propia lógica, ya que, cuando conviene a sus, no precisamente razones, sino, justificaciones neoliberales, sus explicaciones van de muy complejas o definidas como solo entendibles para expertos economistas ha evidentemente simples y equívocas. Me pregunto, a cuál de su lógica discontinua acudió Sergio Sarmiento, para supeditar que es más inquietante que la Suprema Cote este mandando el mensaje equivocado al liberar a los doce de Atenco, ha perpetuar una de las peores injusticias en las que se ha visto envuelto el estado mexicano en el siglo XXI, me supongo, siendo mal pensado, que Sergio Sarmiento ve más allá del supuesto secuestro y amenaza de unos funcionarios menores, él puede percibir un delito aun mayor y más grave, que fue, en sus propias palabras: “Los bloqueos de carreteras y retenciones ilegales de funcionarios públicos llevaron al presidente Vicente Fox a cancelar la construcción del aeropuerto de Texcoco en 2002”. Para un burócrata neoliberal, no puede haber peor pecado que la cancelación de un “polo de desarrollo” por medio de la protesta social, que pueden ser, también en sus propias palabras, cosas como: el “club de golf de Tepoztlán, la salinera de Guerrero Negro, el aeropuerto de Texcoco” ya que “cada cancelación es un golpe directo a los más pobres”, basado en aquello de que la riqueza excedente se desborda como una copa rebosante.

O tal vez no sea esa su forma de pensar, pero de no ser así, ¿cuál es la lógica del asunto? No me diga que piensa que es preferible no mandar el mensaje equivocado a omitir lo observado por 10 premios nobeles de la paz que escribieron al Presidente diciéndole que: “12 compañeros de Atenco siguen detenidos después del ataque. Todos ellos fueron torturados, detenidos sin orden de aprensión y sentenciados sin acreditarse su participación en los delitos por los que fueron encarcelados.”, cuestión corroborada por: ”La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió que se usaron pruebas ilegales e insuficientes para acusar a los 12 integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) de un delito que no cometieron y así ordenó la inmediata liberación de los detenidos", o Sergio Sarmiento está de acuerdo en esa " forma maquillada de criminalizar la protesta", como mencionó el magistrado Juan Silva Meza.

En cualquiera de los casos Sergio Sarmiento exhibe la lógica más perversa del sistema supranacional: El estado no debe mandar mensajes equivocados, aunque se equivoque. La protesta social que cancela negocios debe ser, no solo reprimida con ataques que dejan un saldo de 207 detenidos, dos jóvenes asesinados, medio centenar de mujeres que sufrieron violaciones, abusos sexuales y torturas, sino, además, con retribuciones de condenas desproporcionadas usando de manera indebida el sistema de justicia provocando la violación del debido proceso. Al fin y al cabo, en este país, la justicia no existe sólo existe la opinión de los injustos.

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